Aquí, en Barranquilla, hasta los perros bailan. Por eso, el Charrito Negro, el pincher danzarín, tuvo vía libre para ser uno de los primeros en desfilar en la Batalla de Flores 2013. A las 11.40 a.m., los Escobitas siguieron sus pasos y sacudieron la basura de sus implementos de limpieza para convertirlos en complemento de su coreografía. Fue la escoba su ‘caballo’ al ritmo del Gangnam style.
El sonido popular de los picós animó el inicio del primer día de Carnaval en el Cumbiódromo. Detrás de esa melodía pegajosa, los Líderes de Tradición, engalanados con sus disfraces y danzas folclóricas, tuvieron el lugar que siempre se han merecido en los primeros puestos del desfile.
A partir de ahí, se vivió un bache de casi una hora, para reanudar el recorrido a las 12.40 p.m. En ese momento, las notas del himno de Barranquilla, alternadas con el otro cántico amado de los curramberos, Te olvidé, avisaron que no había reversa: la Batalla de Flores del Bicentenario era una realidad.
200 años de goce fueron recreados con banderas y coreografía. Los símbolos de la ciudad invadieron la Vía 40 y, de repente, un puñado de mariposas multicolores ‘volaron’ a la altura del suelo barranquillero para reivindicar el papel de la mujer que, muchas veces, es olvidado por la sociedad. Las hacedoras de este significativo momento: las más de 200 mujeres del programa ‘Transfórmate tú, mujer’, de la Gobernación del Atlántico.
Las carrozas hicieron su arribo con ‘Reina de la Tradición’, la obra rodante desde la que Daniela Cepeda Tarud, anfitriona de la fiesta, arrojó besos y flores al público que la aclamaba. La majestuosa estructura, que recreaba el soplo carnavalero que enciende el gen festivo de las gentes, sufrió una leve modificación en el recorrido, a la altura de la calle 79, cuando fueron desprendidos un par de racimos de flores de coral, para darle mayor vistosidad a la soberana.
Las exreinas del Carnaval demostraron que son inolvidables. Andrea Jaramillo, bailando en la comparsa Mascaradas y Gorilas; Daniella Donado y Marcela Dávila, desde sus carrozas; María Isabel Dávila, desde un tráiler, y Marianna Schlegel, bailando en el asfalto, recibieron una avalancha de aplausos por parte del público.
Las carrozas encantaron con sus diseños, fueron la mayor atracción de los flashes de las cámaras. El trabajo de los verdaderos hacedores del Carnaval, danzantes sin tregua, fue plausible, un bello espectáculo, que se escribió con ‘B’ de Barranquilla, Batalla y Bicentenario.
el lunar. Fue el público el que protagonizó, en esta ocasión, el lunar del desfile. La respuesta a la Batalla de Flores del Bicentenario fue masiva, por lo que el exceso de alegría de los asistentes terminó convertido en un problema de orden público que se las salió de las manos a la Policía.
El público ubicado en la zona de silletería se fue colando, poco a poco, entre las vallas de seguridad, y terminó copando los andenes del lado de los palcos, sobrepasando su capacidad. Así pues, la gente acabó echada al Cumbiódromo y entorpeció y opacó la presentación de los grupos folclóricos, que se vio reducida, en algunos lugares, a la mitad del carril de la Vía 40.
Por Andrea Jiménez J.





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