Nadie niega que si todos los estudiantes, de colegios oficiales o privados de Barranquilla, dominaran una segunda lengua, como el inglés, sería un plus para los alumnos, padres, y la economía de la ciudad, entre muchas ventajas.
Sin embargo, particularmente pienso que estamos muy lejos de que tal realidad se dé.
Aunque, una de las banderas del programa de gobierno del actual alcalde de la ciudad, Alejandro Char, es la de “Barranquilla Bilingüe”. Como docente de filología e idiomas de este Distrito, con 47 años de experiencia, en los que he dictado en su mayoría la asignatura de lengua castellana, he observado que las actividades que incluyen el desarrollo del inglés, sólo se ponen en práctica en unos pocos colegios. Quizás, el presupuesto no alcanza para todos, porque conozco colegas de instituciones de barrios marginales que me dicen que por allá no llega lo mismo que se le da a una cantidad reducida de colegios. Además, no nos llamemos a engaño, en los estratos más bajos, los padres no tienen recursos para pagar cursos en el Colombo Americano, la Universidad del Atlántico, la Universidad del Norte y otras instituciones que tienen esos programas en la ciudad. No hay colegios oficiales, ni muchos privados que puedan decir que sus egresados hablan inglés porque lo aprendieron en sus aulas.
Pienso que ese deseo que tiene el alcalde y la secretaría de educación tiene que darse con profesores bilingües que comiencen con los tres años de preescolar, que no existen en la educación oficial y se siga con esa generación y que los docentes que estén en los siguientes grados, ya hayan alcanzado el nivel ideal de inglés que no se tiene en estos años.
Las administraciones tienen que organizarse, dando continuidad a este propósito, en forma organizada. Con actividades programadas con suficiente anticipación. Sin improvisaciones y para todas las instituciones. De otra manera, terminarán aburriendo a los estudiantes. Y ese no es el objetivo.
José María Cotes Riccioly
Docente Distrito de Barranquilla