Studio Ghibli es un estudio japonés de animación fundado en 1985 por Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Suzuki Toshio. Sus extraordinarias producciones, que han merecido dos veces el premio Oscar a mejor película animada, se caracterizan por una meticulosa atención al detalle y una inclinación por el realismo fantástico, utilizando primordialmente el dibujo manual en acuarela y acrílico.

Su estilo es muy reconocible, por eso la curiosidad cuando empecé a ver en la red una serie de imágenes que lo reproducían de manera casi perfecta, recreando famosas fotografías o memes de amplia difusión. Se trataba de viñetas generadas por inteligencia artificial (IA), que inundaron las redes sociales con toda clase de variaciones. De repente, las personas sintieron la urgente necesidad de verse a sí mismas convertidas en avatares Ghiblificados y de generar masivamente imitaciones de los fotogramas del estudio japonés. Una auténtica manía que, aunque seguramente durará poco y será reemplazada por alguna otra tendencia, deja ciertas inquietudes.

Hace casi una década, Miyazaki opinó sobre la novedad de la inteligencia artificial al ver un dibujo creado con una versión rudimentaria de la tecnología: «siento firmemente que esto es un insulto a la vida misma». Por estos días no ha dicho nada sobre el tema, pero creo que es sensato suponer que no estará muy contento. Para lograr esas imágenes, los sistemas de IA debieron identificar las claves de su estilo para imitarlo, una acción que bordea el plagio y que debe suscitar varias conversaciones. ¿Si las fotos Ghiblificadas hubiesen sido dibujadas a mano por un artista, causarían tanta preocupación? ¿Lo que nos perturba es lo fácil que resulta para el usuario? Pero ¿Acaso la tecnología no debe, justamente, facilitarnos la vida? ¿O será que las empresas de IA deben pagar derechos de autor?

Tampoco podemos ignorar su impacto. Nuestra interacción con las pantallas suele parecernos inocua porque no lo vemos, sin embargo, se ha calculado que cada imagen que se genera por un programa de IA requiere entre 5 y 50 litros de agua para la refrigeración de sus sistemas. Además, el consumo energético de los enormes centros de datos que lo hacen posible no deja de crecer. Para 2026 se espera que el consumo de electricidad de todos los centros de datos se acerque a los 1.050 teravatios. Eso equivaldría a ser el quinto país del mundo en el escalafón de consumo eléctrico. Una barbaridad.

Dado el interés que ha despertado, al menos honren a los verdaderos creadores: háganse un favor y vean alguna de las películas de Ghibli. Quizá eso sería lo mejor que nos podría dejar esta costosa y problemática Ghiblificación.

moreno.slagter@yahoo.com