El problema “no es de la fleca es del indio” reza el refrán popular. Parafraseando el dicho común, “el problema no es Petro somos nosotros”, circunstancia que se explica porque el ejercicio de la política en Latinoamérica, el Caribe y algunos países del planeta, rompió con el paradigma de “Responsabilidad ciudadana por ejercer el voto solo por los mejores”; el ciudadano elector por acción u omisión es corresponsable de lo que hagan sus presidentes.
La percepción más nefasta de la administración pública, una hegemonía partidista con repartición del poder y una actividad política reservada para una “clase especial corrupta” han sido introducidas en el sentir y el imaginario de cada ciudadano elector.
La palabra “cambio” es una mentira de campaña explotada proselitistamente en el mundo. Sin duda, el problema no es de Petro es de los ciudadanos electores que no supieron elegir la mejor opción de los candidatos, de aquellos que votaron por clientelismo por otros candidatos de bolsillo corruptos, y de aquellos que se abstuvieron de hacerlo correctamente.
Como sociedad latina y caribeña, los colombianos no hemos podido construir el cambio necesario para consolidar una sociedad más justa, culta y equitativa. La política se ha convertido en la tragedia nacional que arrasa con los sueños de pueblos que insisten en creer que es posible un “cambio” a través del voto como catalizador de la democracia en América Latina, el Caribe y los países más pobres del mundo.
El cambio de Petro no se dio porque fue el ejercicio proselitista que no sobrepasó la hegemonía de la derecha recalcitrante y las falsas ilusiones de la izquierda delirante, extremos nauseabundos propensos, por igual, al desmantelamiento del Estado social y gestores del paroxismo en que se encuentran las naciones del tercer mundo, que hace presa de campaña al ciudadano elector del odio y del miedo para llevarlo a las urnas.
La culpa no es de Petro es suya y mía, al final de todos, por la carencia nacional del colombiano de tener cultura política que nos impide votar consientes, libres e informados, depositado el voto solo por los mejores candidatos presidenciales.
Colombia no tienen ciudadanos electores con una cultura política solida que les permita acertar al momento de elegir un presidente. No sirve la abstención electoral, ni el extremismo de derecha o de izquierda, ni siquiera el miedo que produce la desinformación.
Definitivamente, para elegir bien se requieren ciudadanos con un alto nivel de cultura política.
Elegir bien un estadista y no fallar en el intento es imperativo para los ciudadanos del mundo en cada país, especialmente para los colombianos en 2026. El problema no es de Petro.
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