Ni los estudiosos ni los entendidos han logrado establecer si frente a los acontecimientos del orden nacional la actitud general del Colombiano Caribe obedece a masoquismo incorregible o a coprofagia severa. Es que son ya demasiados y muy evidentes los síntomas: tendemos siempre a inclinarnos a favor de quien nos agrede o nos “ninguenea”.

No de otra forma puede interpretarse el resultado de la pasada encuesta presidencial de una de ésas encuestadoras que más pronósticos pública, donde el candidato ultra petrista que públicamente reconoce que ama (así tal cual, ama) a Petro, puntea en la encuestas de la Región Caribe por encima de avezadas y comprobadamente estructuradas figuras como María Fernanda Cabal, y de incontaminadas y rutilantes jóvenes estrellas como Vicky Dávila. Otra interpretación podría ser que caemos en una especie de sometimiento al “porque te quiero te aporreo”, donde la aporreadera es permanente, pero sin que aparezca el anunciado cariño. También la cosa podría interpretarse como que a los encuestados, por lo menos en Barranquilla, les importa un pito lo que por allá en Bogotá resuelvan, nunca nos han parado bolas, y que lo importante es apoyar a Álex, con él no necesitamos a los cachacos, y por ello el alcalde puntea de lejos en todas las encuestas, para piedra de Petro y de los petristas. O sea que pudiera decirse que la cosa es sólo frente al acontecer nacional, porque localmente el comportamiento es impecable.

Y, aunque las encuestas no dibujan la verdad revelada y pudieran ser manipuladas o sesgadas, siempre marcan tendencias. En las pasadas elecciones presidenciales las encuestas afirmaban mucha cosa de lo que en efecto ocurrió, y que confirman las inquietudes de sociólogos y psicólogos acerca del comportamiento Caribe: Petro vino a La Guajira a prometer que acabaría el carbón, y la gente votó por él masivamente, sin importarles que se trataba de su principal fuente de ingresos y de empleo; igualmente viajó a Córdoba a hablar mal de la explotación del níquel, y también allá votaron por él. Por supuesto, la cosa amerita un detenido análisis.

Petro detesta al Caribe, y nos niega todo, hasta apoyos deportivos. Detesta a Char, precisamente porque lo ignora. Ello debería ser suficiente para que por aquí todos lo rechazemos; para que sólo obtuviera ése 25% de fanáticos adoctrinados y pagados. Urgente, entonces, un lavado de cerebro, una agresiva campaña para señalar lo de los bloqueos a lo nuestro, y tantos engaños, para mostrarlo al Caribe tal cual es: Enemigo del país.

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