Ha causado un gran revuelo la decisión de un juez de control de garantías en Bogotá, quien resolvió dejar en libertad a un presunto integrante de la banda “Los Rolex”, puesto que, al parecer la defensa del capturado logró demostrar que, para el día de los hechos, su cliente ni siquiera se encontraba en la ciudad. A ello se le sumó una argumentación bastante floja por parte de la Fiscalía, lo que dejó sin piso la solicitud de medida de aseguramiento.

Lo curioso, pero, sobre todo, preocupante es que esta decisión, ha desatado una tormenta de críticas. Al juez lo han atacado en redes sociales, lo han hostigado con mensajes ofensivos, e incluso ahora será objeto de una investigación disciplinaria.

A veces parece que se nos olvida algo básico: en Colombia, como en cualquier democracia que se respete, la libertad es la regla y la privación de esta es la excepción. No se trata de que los jueces quieran soltar delincuentes, como algunos insisten. Se trata de que toda persona tiene derecho a ser considerada inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Lo que debe preocuparnos no es que un juez cumpla la ley, sino que, por hacerlo, se vuelva blanco de ataques personales y sanciones. Eso, lejos de fortalecer la justicia, la debilita.

Es momento de defender a quienes ejercen la función judicial con independencia, aun cuando eso implique tomar decisiones que no gusten. Es momento de rodear a los jueces que no se dejan presionar por titulares, que no se arrodillan ante el escarnio mediático, y que comprenden que su labor es aplicar la ley, no complacer al público.

Si el juez hubiera decidido lo contrario, si hubiera enviado a la cárcel a una persona sin pruebas sólidas y luego resultaba que era inocente, ¿dónde estarían los que hoy lo critican? ¿Quién respondería por esa injusticia? No podemos seguir castigando a los jueces que actúan conforme a derecho solo porque sus decisiones no coinciden con nuestras emociones.

Lo que necesita la justicia colombiana no es más populismo punitivo, sino más jueces valientes, que comprendan que su deber está con la Constitución, no con las redes sociales.

Que no se nos olvide: el respeto a las garantías del debido proceso no es un favor que hace el sistema, es un derecho que nos protege a todos. Y cada vez que se vulnera ese derecho para aplacar a la galería, corremos el riesgo de que la justicia deje de ser justicia y se convierta en un espectáculo.

Por eso, bienvenidos los jueces que resisten la presión, que se mantienen firmes en su deber constitucional, y que no temen tomar decisiones impopulares cuando la ley así lo exige. Que nunca dejen de existir los jueces valientes.

@CancinoAbog