Los anuncios de esta semana por parte del Presidente de EE. UU, indicando la imposición de aranceles sobre todos sus socios comerciales – incluyendo tanto aliados como adversarios y solo dejando a México y Canadá por fuera – representan los cambios más bruscos de las políticas de intercambio de bienes y servicios de ese país en los últimos 100 años y declaran formalmente iniciado un ciclo global de proteccionismo.

Los niveles arancelarios inician en 10% para todas las importaciones a EE. UU, pero incluyen también unas tarifas adicionales de “reciprocidad” que van desde un 34% para China, 24% para Japón y 20% para Europa, entre otros.

Los riesgos para los ciudadanos estadounidenses no son menores. Dado que los aranceles hacen que las importaciones sean más costosas, los estadounidenses van a comprar menos productos extranjeros. De esta manera puede haber menos demanda para el intercambio de dólares por moneda extranjera.

El resultado es que el valor del dólar se incremente y un dólar más fuerte hace que las exportaciones de los productos de EE. UU, sean más costosas para los extranjeros. Eso puede disminuir la demanda global sobre las exportaciones estadounidenses y se convierte, por lo tanto, en un impuesto tanto sobre las importaciones como en las exportaciones.

Y todo este proceso se acelera y complejiza si los países extranjeros empiezan a declarar retaliaciones propias, como ya lo anunció China. Aún en el caso que el dólar no aumente mucho, los mayores costos de importaciones potencialmente llevan a que los estadounidenses tengan menos capacidad adquisitiva.

El resultado se observa en la respuesta de los mercados financieros, con caídas no vistas desde la pandemia del covid, que demuestran como las bolsas de valores perciben un incremento en el riesgo de una recesión global y la mayor incertidumbre derivada de las potenciales represalias de otros países.

Para Colombia, que fue incluida en el rango inferior del 10% de aranceles, la noticia no es particularmente mala, ya que la afectación es generalizada también para sus competidores.

Esto significa que nuestros productos siguen siendo competitivos en muchos rubros e inclusive implica que hay oportunidades para algunos bienes, como por ejemplo textiles y confecciones. Pero no se puede cantar victoria, porque el referente reciente del impasse diplomático hace posible que eso cambie en detrimento del país si no continúa un manejo diplomático de alto nivel.

Lo único que podemos afirmar con confianza es que en el futuro próximo continuará un alto grado de incertidumbre en la economía y comercio exterior mundial.

@RPlataSarabia1