En Colombia, las elecciones se han convertido en un ritual donde el voto útil domina y los nuevos y buenos liderazgos mueren antes de nacer. Estoy cansado de escoger al menos malo. O Rodolfo o Petro, o duque (sin experiencia) o petro, siempre votando con miedo, sin la esperanza de que quien coja las riendas del pais sea la persona idonea para montar este potro.

Parte del problema esta en el sistema de difusion de encuestas sin reglas claras, que termina alzando una barrera invisible. Y arrancó la recocha de encuestas, que de aquí a diciembre nos guiaran como ganado al matadero. Tomo como ejemplo las de Invamer y el CNC de las últimas dos semanas, que no son solo fotos de la intención de voto sino claramente instrumentos de manipulacion masiva.

Metodologías distintas, muestras reducidas y listas interminables de precandidatos, logran dos cosas: confundirnos y normalizar la idea de que solo unos pocos (los que aparecen en los titulares) tienen chance real. ¿Cómo explicar desde la narrativa como Vicky Dávila, en una parece dominante y en otra desinflada? ¿O como Vargas Lleras en una aparece derrotado y en otra creciendo? — ¿O que Sergio Fajardo, independientemente de la metodologia, queda practicamente igual? Hipótesis: el efecto manipulación en acción.

El truco está en el diseño. Incluir 27 nombres (Invamer) o destacar empates técnicos (CNC) no busca reflejar la realidad, sino fragmentar la atención y diluir opciones. Mientras más dispersos estén los porcentajes, más se refuerza la narrativa del “voto útil”: “Si no te gusta X, vota por Y, porque Z no tiene opción”.

Y ahí entra el verdadero objetivo de estas encuestas: moldear esa incertidumbre para que, al final, el miedo o el cansancio nos lleven a validar a los menos malos.

Para salir de este espiral intererminable, Colombia necesita líderes verdaderamente comprometidos, figuras que estén dispuestas a ir hasta el final, no a probar suerte para ver cuánto duran en la contienda, porque este festival de egos y aspiraciones sueltas solo beneficia a quien ya tiene estructura y narrativa clara, el que no necesita convencer a nuevos votantes, sino simplemente movilizar a los suyos.

Ojalá quienes no tengan esa convicción den un paso rapido al costado, porque el reloj avanza y el país no puede darse el lujo de otra elección donde la dispersión de votos decida el resultado.

El 2026 no tiene por qué ser otra elección del “menos peor”. Podemos convertirla en el momento donde Colombia exija finalmente lo mejor. Hay que recordar que las urnas no son sondeos, y decidir y votar con memoria, es un imperativo moral con tanto en riesgo. Acuerdense de Rodolfo Hernández que pasó de invisible a segunda vuelta.

La unica realidad es que las encuestas no predicen el futuro; lo distorsionan. Exijámosle seriedad a quienes nos quieren liderar y que se acabe la palabra precandidato, para que realmente podamos escoger la mejor opción.

@miguelVergaraC