Existen amplísimas maneras de ofender. Desde la burda o ruin agresión verbal que recuerda antepasados, familiares, progenitoras, chismes, escándalos e imputaciones deshonrosas, hasta la erudita, culta, elegante o aristócrata forma de emplear un lenguaje poco común que nadie explica y lleva implícita una clave peyorativa capaz de sonrojar y hacer perder el control a quienes no entienden lo que les dicen, pero intuyen que les están insultando.
Las fronteras del lenguaje ofrecen tonos diferentes en la mayoría de los idiomas. Aunque una palabra sea polifónica, lo cual no implica que tenga muchas formas de acentuación o entonación, puede también alterar su polisemia, sin que su variedad de significados reformule el sentido o la intención del emisor. El receptor no solo interpreta, valora y elige cómo responder. Esa es la magia de la comunicación.
¿Te gritaron? ¿Contestaste con el mismo volumen o con mayor intensidad? ¿Se vuelven las respuestas agresiones superiores al ataque del emisor? Recuerda que tu voz es mucho más que un ejercicio de biometría o identificación. Cómo hablas, eres. Es un asunto de personalidad. Si no lo crees, pregúntale a los que tienen otra lengua materna y quieren hablar cómo tú. Por mucho que refinen su pronunciación, en algún momento se les “sale” el origen.
El contenido vulgar, plebe o soez, salvo que sea parte de un espectáculo humorístico, una escena de intenso erotismo o la mofa propia de la ridiculez, muestra la naturaleza de los sentimientos y las emociones que erupcionan desde el volcán incontenible de la ira, cómo evidencia de la poca inteligencia emocional. ¿Te ríes de las groserías siempre y cuando no te consideren un blanco?
Si el esputo es propio de la voz o la ortografía, daña la reputación devaluando la disputa. Las malas palabras son la expresión coloquial de la altanería. El arrebato dislocado de la arrogancia presumiendo su orgullo. Si lo usan gerentes, líderes o malos políticos, creyendo que están hablando cómo lo hace la gente, demuestran que su mente coloca a la loca en la boca del indiferente.
La Insultanería es la distorsión de la comunicación por el dominio del irrespeto, la descortesía y las agresiones que menoscaban las cualidades de las personas o los valores de las instituciones, distrayendo el verdadero objetivo de una conversación o cualquier forma de interlocución. Es el enunciado propio de la ausencia de argumentos. La prueba reina de la migración de las ideas.
No te dejes provocar. El lenguaje es tu equipaje en los viajes de la palabra. Sonríe y demuestra tu inteligencia con elegancia: No caigas en la Insultanería.
@JulioCesarHT