La utopía se logró cuando la chicharra sonó para concluir el partido entre Colombia y Argentina, por el clasificatorio a la Copa América de Baloncesto 2022.

El triunfo de la Selección, que sirvió para avanzar al torneo de naciones más importante del continente, fue histórico. Por primera vez, en cualquier categoría, la tricolor venció a Argentina, una de las potencias en el mundo de la pelota naranja. Desde los años cuarenta se venía intentando ese hito.

La clasificación a la Americup, por segunda ocasión en la historia, debe celebrarse y asimilarse como la proeza que es. El triunfo ante la albiceleste, en un duelo que definía el pase del quinteto amarillo, se robó las miradas de gran parte del mundo, menos las del país.

El logro que consiguieron Guillermo Moreno y sus dirigidos fue con las uñas e invita a que las miradas —las de acá— volteen al deporte de la pelota naranja.

Esta victoria debe ser tomada como un impulso para construir un semillero real de baloncesto que esté bien establecido en el país. Con una estructura sólida que motive y fomente un deporte que no se encuentra entre las diez primeras opciones para un niño colombiano.

Los frutos de esta camada vienen tras una generación amateur que logró mantener viva la ilusión de la canasta para que los primeros pasos se vayan dando.

Los resultados son suficientes como para darle la importancia necesaria al baloncesto dentro del territorio nacional. Es imprescindible que, como el año pasado, la liga profesional siga en crecimiento y gane lugar en la práctica de un deporte olvidado que ya empezó a dar victorias.

Que no haya más entrenadores buscando a futbolistas altos que se muden al baloncesto. El apoyo debe ser de todos: gobernantes, medios de comunicación y fanáticos.

Por más Álvaro Teherán, Juan Diego Tello, Jaime Echenique y Braian Angola. Hay que descontar los años de subdesarrollo en una disciplina en la que sus deportistas presionan con resultados dentro de un silencio injusto. Ellos merecen ser vistos.