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Gitano corpulento y honrado, de barba montaraz, voz de órgano, áspero acento, mirada asiática y manos de gorrión; sobreviviente de múltiples y raras enfermedades, plagas y catástrofes; poseedor de las claves de Nostradamus; mago misterioso, profeta, alquimista, monje altruista; Melquíades es el poeta que vaticina la parábola vital de Macondo desde la locura senil del fundador hasta el pequeño monstruo final, conoce el otro lado de las cosas y nos ofrece la clave de lectura de la obra: 'Las cosas tienen vida propia, todo es cuestión de despertarles el ánima’.

Sabio y didáctico, sencillo y prodigioso, con su sombrero grande y negro, como alas de cuervo, su chaleco de terciopelo desteñido y sus anillos de brillo gastado, este verdoso viejo vegetariano en el joven universo de Macondo fue el apego a la vida, aunque inaugura el mapa de la muerte cuando al bañarse lo arrastró el río y lo encontraron al día siguiente con un gallinazo parado en la barriga.

Melquíades puso a Macondo en el camino de la civilización y los nuevos inventos, y curó a los habitantes de Macondo de la enfermedad del insomnio, la peste del olvido y la idiotez sin pasado.