Isidro Herrera quedó marcado de por vida con aquella estrategia que le aplicó el mánager cubano Antonio Tony Pacheco hace 50 años cuando el antillano, director técnico de la Selección Colombia que disputó la final de la XVI Serie Mundial de Béisbol Aficionado, la cual terminó ganando, le dijo minutos antes del crucial partido ante México que no lanzaría el tercer partido y último de la serie, contrariando lo que el mismo entrenador le había dicho la noche anterior en el antiguo Hotel San Felipe, lugar donde se concentraba la novena nacional. Todo para despistar al contrincante y para probarle el carácter al joven muchacho que se aprestaba a escribir una página gloriosa del deporte colombiano. Años después como entrenador aplicó esa misma táctica para probar quién de sus peloteros era cobarde ante los retos.
Aquel sábado 27 de febrero de 1965, Herrera le colgó nueve ceros a los aztecas, de quienes se supo después tenían tres jugadores profesionales lo que elevó la categoría del rival y engrandeció la hazaña colombiana.
Sin embargo, en los minutos antes del inicio del definitivo choque entre colombianos y mexicanos, el piloto cubano envió al lanzador Arthur Forbes a calentar lo que provocó la ira de Isidro Herrera y el posterior llanto que por poco lo llevan a tomar la decisión de irse para su casa en medio de la decepción que le produjo la posición de Pacheco.
Hoy, 15 de los 18 jugadores que aún viven de aquel trabuco se reunirán en el estadio Once de Noviembre para un especial homenaje del presidente de ACORD, Armando López Buendía, donde se conmemorarán las bodas de oro de aquel apoteósico momento de la pelota caliente aficionada criolla.