Segundo set. La victoria y el tiquete a los cuartos de final están muy cerca. Último punto en juego, derecha drive, nada que hacer para la rusa Anhzelika Isaeva y el triunfo es para Francesca Jones por parciales 6-3 y 6-0. Paradójicamente hace nueve años un doctor le decía que no podría jugar tenis por la enfermedad que padece, síndrome de EED (Ectrodactilia-Displasia Ectodérmica), el cual no le permitió un desarrollo normal de manos y pies.
'Es sensacional. Una chica muy inteligente y no tiene ninguna desventaja a nivel de golpes. Para ella todo es normal. Desde el primer momento que decides aceptar todas las condiciones, empiezas a avanzar. Francesca puede jugar y pegar igual que cualquier otra jugadora', expresa Daniel Navarro, entrenador de la siembra 6 del Mundial Juvenil de Tenis que se desarrolla en Barranquilla.
El 19 de septiembre del año 2000, en el Reino Unido, Jones nació con un pulgar y sólo tres dedos en cada mano. En sus pies solo tiene siete, tres en la derecha y cuatro en la izquierda. Tres cirugías en sus muñecas en 2016, sin contar las de sus inicios, no le han cortado las ilusiones a la británica que se declara fiel seguidora de la estadounidense Serena Williams.
Celebra a rabiar cada punto y cuando los obtiene siempre mira a la tribuna para atender las indicaciones de su coach. Es explosiva en la cancha y con una derecha potente. Ese mismo tenis agresivo ha hecho que los huesos de su muñeca comiencen a desgarrar los tendones cuando golpea la pelota. Por eso sus visitas al quirófano.
'Cuantas veces sea necesaria iré la quirófano. Estoy jugando el más alto nivel que hay en junior y espero hacer eso en el circuito de profesionales. Cada día es un día nuevo y quiero llegar a lo más alto posible. En juveniles quiero estar en el top 5', dice con convicción.
Llegada a Barcelona
Era verano de 2006 y Francesca, reunida con sus padres, les manifiesta que quiere jugar al tenis y ser la mejor del mundo. Comienza con una hora por semana, a base de mucho sacrificio, en el condado de Yorkshire. Luego ingresa al campus y revés tras revés, se enamora del deporte blanco. Solo se imaginaba siendo vitoreada en algún Grand Slam y por eso decide mudarse a Barcelona tres años más tarde.
Allí llegó a la Academia Sánchez-Casal, por donde también pasó otro británico, Andy Murray.
'El mejor tenis está en España y por eso llegué a Barcelona. Yo quiero enseñarles a las personas que se puede hacer cualquier cosa. Todo es fuerza de voluntad. Todo es mental. Todo en mi vida ha sido siempre mental y eso me ha ayudado en los partidos. Yo no veo mi discapacidad como un problema, todo lo contrario, es una fortaleza'.
Hace un año está trabajando con Navarro. Los trabajos que realiza son iguales a los de una tenista juvenil de su edad.
'Con ella no hago un trabajo diferencial. Ella asiste a su gimnasio como todas sus compañeras. Hacemos diariamente cuatro horas de tenis divididas en fracciones y hora y media de gimnasio.
Daniel, nacido en Barcelona, sabe que Francesca a donde va llama la atención por su discapacidad. Él trata de que esto no le afecte en su juego.
'Yo la conocí cuando era más pequeña y sabía de su problema. Nunca me fijé en nada, solo en su nivel y ese nivel era muy alto. Trabajamos para potenciar sus cosas buenas e intentar que suba el nivel a
lo más alto posible'.
Francesca, al tener tres dedos en su pie derecho, pierde estabilidad y ese es quizá el único lunar que tiene.
'Debo mejorar un poco el equilibrio porque como tengo menos dedos en mi pie de apoyo a veces me desgasto más. Lo que sí sé es que no hay nada ni nadie que me diga que no puedo'.
Mentalmente fuerte
La discapacidad le trajo a Francesca muchos rechazos y burlas que ella ha superado gracias a una mentalidad fuerte y ganadora.
'En alguna época se reían por la forma en como cogía la raqueta, pero eso me ha ayudado a ser mucho más fuerte e intentar ganar siempre', expresa.
Francesca juega con un grip (mango de la raqueta) más pequeño para tener un mejor agarre e impactar la bola fuerte, como lo acostumbra a hacer. Es atenta y servicial con las personas que se le acercan.
Por primera vez está en Barranquilla. 'Me gusta la forma de vivir acá. Tratan muy bien a los turistas y son muy relajados y eso me gusta mucho (risas)', dice.
Le quedan dos años para ir a l universidad, pero ella no quiere porque su sueño es ser la mejor tenista del mundo.