A bordo de un pontón, en pleno corazón de la Ciénaga Grande, el principal complejo lagunar del Magdalena, está Mariana Pajón. Su rostro está maravillado por la fauna y flora que se encuentra en este rincón de Colombia.
A pocos metros de la embarcación los habitantes de Nueva Venecia, uno de los pueblos palafitos del departamento, estallan en júbilo cuando se percatan de su presencia. Ancianos, adultos, niños y hasta los perros corren hasta el margen de sus casas, el límite entre una tierra que han hecho propia y el imponente cuerpo de agua, para mandarle saludos.
La deportista antioqueña se ruboriza y les devuelve el cariño anclando en sus moradas. Pajón ya luce mejor luego de su lesión a principio de año (ruptura de ligamento cruzado anterior) y está en la última fase de recuperación para volver a su bicicleta rosada. La doble medallista olímpica, en diálogo exclusivo con El Heraldo, habló sobre sus inicios en el bicicrós, los sacrificios que tuvo que hacer su familia para sacarla adelante, el caso de extorsión que sufrió y que la obligó a mudarse de Medellín y sobre los objetivos que tiene planteados para Tokio 2020. Por último, reveló que quiere ejercer alguna profesión ligada a la medicina y que el no poder estar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018 le 'dio muy duro'.