Ponía a temblar a los arqueros y a los hombres de las barreras. Gustavo Maldonado tenía dinamita en sus guayos. Aquel mediocampista mixto u ‘8′, como se le conocía antes, de explosiva pegada, que jugó en Junior entre 1973 y 1977, se despidió de este mundo a los 73 años de edad, el martes pasado, después de permanecer varios días en el Hospital Barranquilla por una fractura de fémur al sufrir una caída.
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Aunque no fue un titular riguroso de aquella época, quizá por su escasa disciplina y por la enorme competencia que existía con los futbolistas extranjeros de nombre y calidad que importaba Junior en su posición, Maldonado siempre ha sido recordado en la historia rojiblanca por su solvencia para jugar y por sus terroríficos misiles de larga distancia que inflaron las redes rivales en ocho ocasiones.
“¡Este muchacho tiene cañaña, caballero!”, relataba el inolvidable Édgar Perea Arias.
“Le pegaba durísimo. Tanto con pelota quieta como en movimiento. Entre 1973 y 1977, no jugó 50 partidos. Casi siempre relevo. En 1977, año del título, escasamente jugó siete partidos”, apuntó el periodista Raúl Correa De Andreis.

José González Figueroa, otro destacado periodista caribeño, explicó que su popular apodo surgió por la potencia de sus zapatazos. “El colega Tomás Barraza Manotas, de Juan de Acosta, que era muy bueno para los apodos, lo bautizó ‘Cofrón’ porque así se llamaba un multivitamínico de esa época. Todo el mundo lo llamaba de esa forma”, recordó González.
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Lamentablemente, ‘Cofrón’ Maldonado tuvo que luchar en buena parte de su vida con el abismo de las adicciones que lo dejaron viviendo del rebusque y de la solidaridad del prójimo. Pero como futbolista, a pesar de que no tuvo la regularidad esperada en Junior, dejó huella por sus disparos y sus características futbolísticas.
“Tuvo todas las condiciones técnicas y físicas para ser un excelente jugador. Perdió el rumbo de su vida y se quedó en el camino”, recuerda Julio Avelino Comesaña, que fue uno de los compañeros con los que le tocaba luchar la posición de volante titular en el Junior que alcanzó la primera estrella en 1977.
“Era buen compañero y tenía un carácter fuerte. Buena estatura”, añadió Comesaña, toda una leyenda del club como jugador y entrenador.
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Después de su etapa en Junior, Maldonado pasó por el Independiente Medellín y el Atlético Bucaramanga, donde se retiró en 1980 debido a una lesión.
Siempre ligado a su tierra, Barranquilla, vivió toda su vida en el barrio Chiquinquirá, donde formó su familia junto a su esposa Ignacia Vergara y sus hijos Gustavo Jr. y Karina.
Con su partida, el Juniorismo despide a uno de los partícipes de la gesta de 1977 y a una de las pegadas más potentes de la historia del club.
