El pasado martes 9 de abril, entre las 8 y 9 de la noche, un grupo de motorizados, algunos encapuchados, llegó hasta el mirador de Los Nogales, en el sector de la calle 84 con carrera 42A1 y pintaron un food truck de comidas rápidas con un mensaje: “mala paga”. Vandalizaron el pequeño negocio a punta de piedras, que se salvó de ser destruido por la presencia de uniformados de la Policía que debieron quedarse a vigilar la zona para evitar que el ataque se consumara, como al parecer estaba previsto.

Este desagradable y repudiable episodio tuvo como punto de partida un video que se viralizó en redes sociales un día antes, en el que se apreciaba una discusión entre la familia propietaria del negocio de comidas y una mujer que aparentemente llegó a reclamar el pago de unos días de trabajo que le habían quedado debiendo a su hija. En el video se observan empujones, agresiones verbales y ofensas que generaron toda una suerte de reacciones en las distintas plataformas digitales de personas tomando partido sin conocer el contexto y las versiones en torno al bochornoso episodio.

Al día siguiente, como era de esperarse, apareció un nuevo video en la cuenta de un influenciador de una de las jóvenes protagonistas del altercado ofreciendo sus explicaciones sobre lo ocurrido. El remedio resultó peor que la enfermedad, porque en la misma hoguera en la que suelen convertirse las redes sociales fustigaron a la emprendedora y como una bola de fuego creció el repudio y los cuestionamientos hacia ella y su familia, al punto de que comenzó un movimiento de personas que invitaban a protestar en la sede del restaurante, en realidad un trailer apostado en la vía del mirador del barrio ubicado en el norte de Barranquilla.

De la misma manera se conformó un grupo de WhatsApp por el que también se promovía esa protesta. El resultado es que la noche del martes 9 de abril llegaron varios motorizados y atacaron el contenedor que servía de sede a ‘Tengo un hambre’, el negocio objeto del acto vandálico promovido por los comentarios de odio que surgieron de una publicación que claramente incentivaba la violencia.

Allí radica el peligro de estos canales de comunicación e información salidos de control y desde los que cualquier persona puede generar un conflicto por la irresponsabilidad de reproducir contenidos sin pensar ni asumir las consecuencias. Derramada la leche es imposible recogerla. Una publicación en redes sociales tiene una capacidad de regarse como pólvora y multiplicarse sin control, y quienes buscan siempre dañar al adversario, a quien consideran su enemigo o simplemente a quien les produce animadversión, no tienen ningún reparo en tirar la piedra y esconder la mano.

Lo ocurrido con el muy local caso del mirador de Los Nogales parte de una cadena de errores humanos que repetimos en la vida cotidiana. Como sociedad nos cuesta, y mucho más de lo que quisiéramos, resolver los conflictos de forma pacífica, por la vía legal o del diálogo. Más fácil es darle rienda suelta a la ira y medirse a gritos, de frente o detrás de una pantalla, a ver quién tiene la última palabra.

Después se quiso apagar un incendio con un fósforo. Las explicaciones que pudieron ofrecerse de manera personal y directa entre los implicados en el episodio se dieron, otra vez, a través de las mismas redes sociales que encendieron la polémica. Y ahí se vino más combustible a una discusión que terminó con un negocio vandalizado y cerrado, aquello de la justicia por mano propia. No hubo perdedores ni ganadores.

Las redes sociales son un medio en extremo valioso para promover buenas acciones, para ayudar a otros, para conectar personas y crear comunidades, para acortar distancias, en fin, para tantas cosas buenas. Pero al mismo tiempo, mal usadas son un instrumento altamente poderoso para instigar y generar odio, y de eso sí que conocemos en Colombia. Así que cuando decidamos compartir un contenido, mucho ojo y reflexión antes de pulsar el dedo para enviar o publicar. Sea un ciudadano digital común y corriente o sea que ostente el rótulo de influenciador, que es sobre todo una tamaña responsabilidad con quienes lo siguen.