Las voces de alarma ya han sonado, y lo único que cabe esperar es que no estemos ante la crónica de una catástrofe largamente anunciada.

Nos referimos a la gravísima situación que se vive en el municipio magdalenense de Salamina, donde la erosión del río amenaza con abrir un boquete y provocar una tragedia colosal, similar, o incluso mayor, a la que vivió el Atlántico en 2010 cuando el río embravecido irrumpió en el sur del departamento y provocó una inundación devastadora cuyos efectos aún hoy se sienten.

Tal como lo avisó días atrás el propio director de Invías, Juan Esteban Gil, de avanzar la crecida del río se podría producir “la gran inundación” si no se toman con urgencia las medidas adecuadas. El alcalde de Salamina, José Díaz Marchena, incluso ha cuantificado la magnitud de esa posible catástrofe: además de los riesgos para la integridad de la población, se afectarían 220 mil hectáreas de tierra destinada a la agricultura y la ganadería, incluidas 16.000 hectáreas cultivadas con palma.

EL HERALDO visitó el pasado fin de semana la zona y publicó en su edición dominical un extenso reportaje sobre el estado de tensión e incertidumbre en que se encuentran los 9 mil habitantes de Salamina, así como los pobladores de las localidades vecinas que también se verían afectadas por una hipotética arremetida del río.

Todas las personas consultadas coincidieron en que la situación es de extrema gravedad y en que la erosión del carreteable que une Salamina y El Piñón no cesa. “El ruido del río da miedo”, manifestó con sombría elocuencia un agricultor. Otro pronunció una frase premonitoria de resonancias garciamarquianas: “Yo estoy con mi idea de que aquí va a pasar algo, porque cuando esos camiones pesados pasan a toda velocidad el terraplén se menea”.

Para hoy está prevista una reunión de la Alcaldía de Salamina con Invías y la Unidad de Riesgo con el fin de definir las obras necesarias (pilotaje, gaviones, espolones, etc.) para hacer frente a la amenaza. Una batimetría encargada días atrás por el municipio magdalenense para medir el comportamiento del nivel del río servirá de orientación para ese cometido.

El alcalde Marchena aseguró a este periódico que en una reunión la semana pasada con funcionarios de las instituciones del Estado citadas encontró eco a sus preocupaciones y las de los agricultores de Salamina. Esperamos que ese eco se traduzca en hechos concretos y que los habitantes de la zona reciban las garantías de que la naturaleza desbocada no se cebará en ellos y en sus bienes. Hay que pasar, pues, a la acción. Sin más demora.