En Estados Unidos las vacunas contra la covid-19 comienzan hoy a ser distribuidas y administradas de manera gratuita en miles de locales de grandes cadenas de farmacias y supermercados como parte de una estrategia dirigida a facilitar el acceso de las personas mayores de 65 años a los biológicos buscando acelerar el proceso de vacunación que ya se realiza en escenarios deportivos y centros de educación. Cada paso suma en la batalla que libra contra el virus este país, el más afectado del mundo, con más de 27 millones de casos y 470.000 fallecidos, al que la pandemia le sigue pasando una factura impagable por la nefasta gestión del negacionista expresidente Donald Trump, quien hasta el último día de su mandato se resistió a dar ejemplo de autocuidado.

A pesar de los esfuerzos del recién estrenado gobierno de Joe Biden, solo hasta abril Estados Unidos podrá contar con las dosis suficientes para asegurar la inmunización de todos sus habitantes durante los próximos meses y así alcanzar la inmunidad colectiva a "finales de verano", es decir en septiembre, de acuerdo con la meta establecida por el epidemiólogo jefe de la Casa Blanca, Anthony Faucci, a quien a pesar de todo se le ve mucho más optimista por los resultados.

La lucha contra la devastadora crisis sanitaria ensañada contra latinos y afrodescendientes que han debido sortear todo tipo de dificultades para acceder a servicios de salud es uno de los pilares de la actual administración que se mantiene firme en su compromiso programático de garantizar una distribución equitativa de tratamientos, ejerciendo acciones afirmativas para lograr que más personas de estas comunidades tengan acceso a las vacunas en las zonas más vulnerables. Aún queda un largo camino para desmontar el legado de exclusión de la era Trump, pero el demócrata avanza en la dirección correcta para enviar un mensaje inequívoco de unidad nacional que contribuya a superar la polarización partidista y la desconfianza ciudadana en las instituciones.

Mientras intenta armonizar las distintas y variopintas iniciativas de cada estado frente a la vacunación para ofrecer una respuesta unificada y coordinada a la crisis respaldada en un nuevo paquete de estímulo, negociado en el Congreso por cerca de UDS 2 billones para intensificar la guerra sanitaria contra el virus, Biden confía en que al menos 150 millones de personas reciban la primera dosis en los primeros cien días de su Gobierno, término a cumplirse el 30 de abril. Una carrera contrarreloj que se ha estrellado contra los serios problemas de producción de los laboratorios de Pfizer y Moderna, cuyas vacunas son hasta ahora las únicas autorizadas en ese país, aunque se evalúa la aprobación de una tercera antes de finalizar este mes.

Decidido a cambiar el decepcionante rumbo de Estados Unidos frente al multilateralismo sanitario, Biden, nada más al comenzar su administración, frenó la salida del país de la Organización Mundial de la Salud y se comprometió con la financiación del mecanismo Covax aliviando la preocupación sobre una eventual ruptura del frágil equilibrio de la salud global. Además, a nivel doméstico, el mandatario, a través de la firma de órdenes ejecutiva, está desmontando una serie de desafortunadas medidas adoptadas por Trump como la derogación de la reforma sanitaria conocida como ‘Obamacare’, que acabó con los subsidios de salud para la población de bajos recursos.

Biden está esforzándose por reescribir la historia de la pandemia dentro y fuera de su país, retomando el liderazgo anulado por el irrespeto y autoritarismo delirante de su antecesor. Una tarea titánica que soporta en la ciencia, pero sobre todo en la decencia, símbolo de su naciente administración y fórmula imbatible para contener la pandemia de desunión que desborda a Estados Unidos.