Son muchas las dificultades que se ven abocados a enfrentar quienes le han apostado al sector agropecuario en la Región Caribe. Y, tradicionalmente, sus llamados por una justa solución han sido desoídos. No es para nadie un secreto que el campo ha sido uno de los sectores que más ha padecido una sostenida desatención de los estamentos gubernamentales. La paradoja estriba en que, paralelamente, el campo suele ser proyectado como la gran tabla de salvación frente a algunos problemas nacionales de fondo.

Tal es el potencial de la actividad agropecuaria, si logra superar escollos puntuales y articularse mucho mejor que hasta ahora. La Costa tiene todo para configurarse como la gran despensa agrícola de Colombia, pero hay mucho por hacer para lograrlo; y son tareas que no se pueden seguir aplazando.

Estos fueron algunos de los aspectos que atravesaron la discusión abierta ayer en el Debate Caribe Agro de EL HERALDO, celebrado en Valledupar. Los principales representantes del sector expusieron algunos de los puntos clave para mejorar la sostenibilidad y rendimiento de la actividad ganadera, concretamente, y del agro en general.

Las dificultades en el acceso a los créditos surgen como uno de los mayores retos, para una actividad que aún se ve opacada por los estragos de la cruda y larga sequía que supuso el reciente fenómeno de El Niño. Las consecuencias del cambio climático han menoscabado duramente a los pequeños y medianos productores, que aún esperan un salvavidas más eficiente que lo recibido hasta ahora. Otra necesidad sobre la que hubo consenso fue la de mejorar la asociatividad; construir más solidas alianzas entre productores, encadenar procesos, es una estrategia que daría claros réditos y en la que vale la pena esforzarse.

El Debate permitió avanzar en la construcción de consensos sobre lo más apremiante, para apuntarle a una voz común. Para que garanticemos una defensa potente de los trabajadores e inversionistas del agro, que haga sentir sus necesidades en las instancias de decisión del Gobierno Nacional. Es hora de que se evidencia una mayor coherencia y articulación en la apuesta por el campo, que se refleje en políticas públicas y planes de acción que respondan más directamente a las necesidades latentes de quienes trabajan día a día por sacar adelante este renglón de la economía, que aún está muy lejos de cobrar toda la importancia que podría revestir.

Porque el campo ha sido perfilado muchas veces como uno de los terrenos económicos clave para los retos que entraña el posconflicto; también, como una solución para ganar solidez en medio de las turbulencias que, por momentos, suponen las fluctuaciones monetarias internacionales y los vaivenes económicos. Pero ello amerita mucha más atención de la que está recibiendo; y tiene que llegar ahora, no después.

Solo de esa manera se podrá garantizar que haya un crecimiento más armónico del país, y mejor distribuido. El camino a la verdadera equidad se cimenta en la resolución de las injusticias históricas que, ya sea por acción u omisión, se han perpetuado.