Llegó el anunciado ‘Día de la liberación’. Así bautizó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la tanda de “aranceles recíprocos” que notificará este 2 de abril para los países que, según él, llevan años realizando prácticas comerciales “desleales” contra los productos y servicios estadounidenses.
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Con esta ofensiva promete sacudir la economía global para favorecer la propia, en un nuevo intento por imponer “respeto” hacia el país, a la vez que le resta peso a las advertencias de los economistas sobre el efecto contraproducente de la guerra comercial que está por arreciar.
La portavoz de la Casa Blanca Karoline Leavitt, explicó el lunes que entre los anuncios del mandatario habrá “aranceles basados en países”, entre los que se espera figuren los de la Unión Europea, México, Canadá y China, principalmente. Este miércoles también entrará en vigor una serie de impuestos a varios productos importados por EE. UU., como los vehículos y sus componentes, productos agrícolas y farmacéuticos, entre otros.
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Lo cierto es que la política proteccionista del presidente ha generado más desconfianza que esperanza entre los estadounidenses, pues temen por el muy posible contraataque de los países afectados, cuyas economías les permiten responder y, en consecuencia, un alza de la inflación que impacte directamente en su calidad de vida.
Impacto global
Expertos apuntan que los aranceles que planea imponer Trump tendrán efectos negativos para la economía estadounidense y global. Esto porque el aumento de impuestos genera un alza automática en precios para el consumidor y, por ende, se eleva el costo de vida.
Mario de la Puente, director de Investigaciones de la División de Derecho, Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad del Norte, asegura que los nuevos aranceles “crearán distorsiones en el comercio global, encareciendo productos importados y afectando cadenas de suministro”. En ese mismo sentido, Enrique Prieto, profesor de derecho internacional de la Universidad del Rosario, anotó que en el corto plazo las retaliaciones derivadas del anuncio de aranceles provocarán que “la canasta familiar de productos esenciales y no esenciales suba, lo que implica que los ingresos de cada casa para su canasta familiar van a alcanzar menos y eso empieza a generar problemas de inflación, tanto a nivel de EE. UU., como a nivel internacional”.
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Trump ha admitido estos riesgos, pero promete que su plan recompensará los próximos tiempos difíciles con un “futuro próspero” basado en la creación de nuevas empresas y más empleos, ya que con la arremetida arancelaria lo que pretende es presionar a las compañías para que trasladen sus cadenas de producción a Estados Unidos.
“El gobierno de Trump está muy confiado en que el atractivo del mercado norteamericano es suficiente para presionar a que se haga su voluntad; sin embargo, existe el riesgo de que a largo plazo los que dependen fuertemente de ese mercado empiecen a diversificar y busquen nuevas fuentes de ingresos y nuevos mercados, reduciendo la importancia, la relevancia y la capacidad de presión de EE. UU.”, remarca Jesús Agreda, docente de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.
Aranceles a la UE y Rusia
Los países que conforman la Unión Europea decidieron responder en bloque para también hacer sentir su fuerza económica ante Estados Unidos. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, dijo que ya tiene listo “un plan sólido” para tomar represalias, aunque se mantiene en disposición de contribuir a “una solución negociada”.
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Para David Fernando Varela, doctor en asuntos internacionales de la Universidad Johns Hopkins en Washington, la ofensiva arancelaria de Trump contra la UE puede ser parte de una estrategia para lograr beneficios comerciales, lejos de querer tensar las relaciones con dicha región.
“En esas guerras comerciales todos van a salir perjudicados, las empresas de ambos lados del Atlántico y el consumidor de ambos lados también lo será. Es posible también que se abran paso a negociaciones y hace parte de la técnica tradicional de Trump iniciar esos procesos con fuertes amenazas para negociaciones en las que hay concesiones recíprocas”, indica Varela.
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Por otro lado, el jefe de la Casa Blanca amenazó con imponer aranceles adicionales sobre el petróleo de Rusia en caso de que el presidente Vladímir Putin no ceda en las negociaciones para conseguir la paz en Ucrania, una medida que los expertos ven poco efectiva para dicho objetivo.
“Es posible que (el arancel) se utilice como una herramienta válida de guerra comercial, pero no creo que cambie de manera sustancial la situación de la guerra en Ucrania, que tiene otros motivos no económicos muy de fondo, sobre todo desde el punto de vista de Rusia, que tiene una visión imperial en la que Ucrania es un elemento fundamental y no creo que vaya a renunciar solamente por una sanción económica adicional”, manifiesta Varela.
¿Cómo se verá afectada Colombia?
David Varela subraya que Colombia sí va a resultar afectado –por efectos colaterales principalmente– en la guerra comercial promovida por EE. UU. “Los bienes y servicios de Colombia se comercializan en otros países, por lo que barreras arancelarias o no arancelarias terminan afectando a los productores, a los innovadores y no beneficia al país ser una más de las víctimas, incluso si no es partícipe de la guerra”.
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En contraste, Enrique Prieto destaca que el país tiene cierta ventaja en su relación comercial con EE. UU. que hace que la afectación no sea tan severa. “Si ponen un estándar de arancel del 25 %, lo que pasará es que los productos colombianos que se exporten van a ser mucho más caros allá, pero nosotros no competimos en productos con EE. UU., porque exportamos café y rosas, eso no lo producen, así que igual nos deberán seguir comprando”.