No deja de causar funestas sorpresas la Reforma Tributaria que el Gobierno tramita en el Congreso. La más reciente ocurrió el viernes de la semana pasada, cuando el mismísimo ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas –al parecer por instrucciones directas del presidente de la República y Premio Nobel de Paz, Juan Manuel Santos– se opuso a la solicitud de varios congresistas de la Región Caribe, quienes le pidieron el desmonte de un nuevo y absurdo impuesto que grava al gas natural y no al carbón, por considerar 'sus efectos contaminantes'.
Como dicho impuesto jamás figuró en la primera versión de la Reforma, que fue sometida a estudio y debates en el Congreso, los parlamentarios costeños consideran que se trata de un enorme 'orangután', introducido al proyecto con el perverso propósito de afectar a millones de usuarios del gas natural en la Región Caribe.
Lo más llamativo del 'orangután tributario' es que mientras exonera del pago de dicho impuesto –sin ninguna justificación aparente– a las multinacionales carboníferas, castiga de forma severa al gas natural, que es mucho menos nocivo que el carbón y otros combustibles fósiles, tanto para los seres humanos como para el Medio Ambiente.
El 'orangután tributario', introducido a las volandas por partidos y movimientos de izquierda, como el Partido Verde y el Polo Democrático, permitiría –de ser aprobado por el Congreso– que Colombia sea el único país del mundo que grava al gas natural y no al carbón. ¿Cómo se explica esta insensatez? Fácil: el Gobierno y algunos congresistas de la Unidad Nacional decidieron darles contentillo a los parlamentarios de izquierda -que respaldan el proceso de paz con las Farc- a cambio de que apoyen el proyecto.
Al parecer, el Polo y los Verdes –amigos del Gobierno en la paz– tienen muy buenas relaciones con el sector carbonero y por ello abogan por sus intereses, en detrimento de millones de habitantes del Caribe. Los señalamientos recaen directamente sobre el senador Antonio Navarro Wolff.
Además de ser un impuesto absurdo en términos ambientales –porque es muy fácil deducir que el gas es mucho menos contaminante que el carbón– también resulta contraproducente, en lo que tiene que ver con la salud pública, porque no hay nada que deteriore más a las personas –en especial a los niños– que las emisiones constantes de partículas de carbón.
Pero –sobre todo– el nuevo impuesto al gas natural es una nueva puñalada del gobierno de Santos a la Región Caribe, que curiosamente es la que más lo ha respaldado en materia electoral, tanto en el primero como en el segundo mandato. En términos de lucha contra la desigualdad, los efectos del 'orangután tributario' son demoledores para la Región Caribe. Veamos por qué:
En Colombia hay más de 8 millones de usuarios de gas natural. De ellos, en la Región Caribe solo hay 1.5 millones, es decir, el 18 por ciento del total de usuarios. El nuevo impuesto -que valdría unos 300.000 millones de pesos al año- le significaría a la Costa tener que pagar -no el 18 por ciento que le correspondería en justa proporción- sino el 40 por ciento, puesto que la Región Caribe es mucho más intensiva en el uso del gas natural que el interior del país.
Para decirlo en plata blanca: 1.5 millones de usuarios de la Región Caribe pagarían 120.000 millones de pesos al año, mientras que 6.7 millones de usuarios del interior tendrían que pagar apenas 180.000 millones de pesos.
Ante esta nueva agresión del Gobierno a los intereses de la Región Caribe, ya es hora de que nuestros parlamentarios dejen a un lado el tarro de mermelada que el Ministro de Hacienda les suministra a quienes hacen parte de la Unidad Nacional y se pongan la camiseta de los usuarios del gas natural. ¡Ya está bueno de tanta sumisión y cinismo!
Resulta increíble que el Gobierno se muestre generoso con otras regiones -como Antioquia y el Valle del Cauca, que lograron el desmonte de varios artículos de la Tributaria que afectaban sus intereses- mientras le carga la mano a la Región Caribe. Que lo digan si no los ingenios azucareros del Valle del Cauca, que lograron el desmonte del impuesto a las gaseosas.
Y en ese sentido el comportamiento del ministro Cárdenas ha sido particularmente inamistoso con la Región, como quedó demostrado el viernes pasado, cuando le exigió a los congresistas que mantengan el 'orangután tributario', pese a que está demostrado que resulta negativo para el medio ambiente, para la salud pública e inequitativo con la Región Caribe.
Si los congresistas del Caribe no logran desmontar el 'orangután tributario' y prefieren defender la mermelada que reciben del Gobierno, por encima de los intereses de millones de hombres y mujeres de la Costa, entonces tendrán que asumir las consecuencias de su servilismo y su cinismo.
¿O es que piensan que después de prestarse para semejante puñalada van a encontrar el respaldo en las urnas en 2018? ¿Bueno saber quiénes son los congresistas costeños que están dispuestos a aprobar el 'regalo de Navidad' que el Gobierno Nacional prepara contra la Región Caribe? ¿O es que el ministro Cárdenas -futuro candidato presidencial- tendrá la desfachatez de venir a la Región Caribe a buscar votos, después de habernos vaciado los bolsillos a los costeños?
¿Quién le pone el cascabel al 'orangután tributario'?
Si el Congreso de la República -en especial los parlamentarios de la Región Caribe- no logran atajar el 'orangután tributario' que armó el Gobierno con congresistas de la izquierda democrática que respaldan la negociación con las Farc, entonces Colombia tendrá el deshonroso privilegio de ser el único país del mundo con una firma del COP21 del Presidente de la República y Premio Nobel de Paz, Juan Manuel Santos, en París en enero de 2016, que no gravará la contaminación del carbón, pero sí gravará los beneficios ambientales del gas natural. ¿Cómo explicará semejante contrasentido el presidente Santos a la comunidad internacional? Es evidente que el 'orangután tributario' no solo es un absoluto despropósito con la responsabilidad ambiental del país, sino que generará un sobrecosto a la industria, al transporte público y a los hogares colombianos por cerca de 300.000 millones de pesos al año. Pero, además, la Reforma Tributaria no incentiva el uso de vehículos a gas para el transporte de carga y de pasajeros, lo que sí contribuiría enormemente al cumplimiento de los compromisos ambientales del COP21. Curiosamente, la Reforma Tributaria concede una tarifa especial de IVA a los vehículos eléctricos, mientras que no hace lo propio con los a gas, siendo que éstos tienen un mayor desarrollo, una mayor oferta y un mayor acceso para los colombianos. El fomento del uso de los vehículos eléctricos -que parece ser uno de los propósitos de la Reforma- no se traduce en una utilidad real, puesto que su disponibilidad no es representativa para la demanda nacional. ¿Cómo se explica este tratamiento tan desigual para un sector fundamental para la economía del país en general y de la Región Caribe en particular?
El carbón, ¿menos nocivo que el gas natural?
Resulta insólito que la justificación para desmontar el pago del nuevo impuesto por parte de las empresas carboníferas, sea que es mucho menos nocivo que el gas natural. Nada más falso. Está demostrado científicamente que las consecuencias atmosféricas del uso del gas natural son menores que las de otros combustibles, incluyendo -claro- al carbón. ¿Qué llevó a los congresistas del Polo y del Partido Verde a concluir lo contrario? En el caso del gas natural es menor la cantidad de residuos producidos en la combustión, su pureza lo hace apropiado para su empleo con las tecnologías más eficientes, se puede emplear como combustible para vehículos, tanto privados como públicos, y con ello mejora la calidad medioambiental del aire de las grandes ciudades. Y -además- produce menores emisiones de gases contaminantes (SO2, CO2, NOX y CH4) por unidad de energía producida. En cambio, cuando se trata del carbón, según el estudio 'Efectos de la minería en Colombia sobre la salud humana', se presentan datos de afectación de la salud en zonas carboníferas, encontrando relación con enfermedades como neumoconiosis fibrosis masiva progresiva, bronquitis, enfisema y cáncer. De igual manera, el informe 'El impacto del carbón sobre la salud humana', muestra que la industria del carbón en todo su ciclo tiene influencia sobre la salud humana, relacionada con enfermedades cardíacas, cáncer, accidentes cerebro vasculares y crónicas con el sistema respiratorio.
Más impuestos en 2016, menos votos en 2018
La ecuación es simple: entre más impuestos nos impongan el Gobierno y los congresistas en 2016, menos votos tendrán en 2018. Punto. Es así de simple. Aquellos congresistas que voten a favor la imposición de mayores impuestos a los colombianos, contemplados en la Reforma Tributaria, en especial aquellos que golpean a la clase media, como el alza del IVA del 16 al 19 por ciento, serán castigados electoralmente en 2018. Está visto que la Reforma Tributaria se ensañó contra la clase media y contra los asalariados del país -que son los que carecen del músculo financiero que les permita pagar miles de millones a lobistas en el Congreso para que intercedan a su favor, como sí hacen otros sectores de la economía- lo que redundará en una fuerte contracción de la demanda a partir del primero de enero del próximo año. Si a ello se agrega el trato 'inamistoso' de la Reforma Tributaria con quienes dependen del gas natural, que beneficia directamente a los sectores populares de la población, por su bajo costo, entonces el panorama del próximo año es cada vez más sombrío. Es eso lo que tienen que considerar los congresistas de la Región Caribe, quienes todavía están a tiempo de atajar el 'orangután tributario'. Ojalá se cumpla el vaticinio de un senador del partido de La U con quien hablé esta semana: 'Si el Gobierno insiste en el ‘orangután tributario’, entonces pueden estar seguros que no habrá Reforma Tributaria, porque nosotros no la respaldaremos'.
Santos, hoy desde El Vaticano, mañana desde…
Al presidente Santos le está sucediendo como al célebre Julio E. Sánchez Vanegas, quien en la década de los 80 hizo famosa la frase: 'Espectaculares JES, hoy desde Los Ángeles, mañana desde cualquier lugar del mundo'. Pues bien, desde que se ganó el Nobel de Paz, al Presidente Santos habría que preguntarle desde qué lugar del mundo nos saluda. ¿Nueva York? ¿Madrid? ¿Londres? ¿El Vaticano? Y aunque es apenas natural que su nueva condición de Nobel de Paz lo obliga a vivir en un avión, es bueno que alguien le comente -en su periplo por el mundo- que en Colombia la Reforma Tributaria nos tiene con los pelos de punta por cuenta de la cascada de impuestos que se avecina. ¿Quién -que no sea un potentado- puede estar tranquilo con la carga tributaria que se vienen a partir de enero? Al Presidente parece que estos asuntos terrenales no lo trasnochan, pues la paz es un bien superior que bien vale la pena que los colombianos nos metamos la mano al dril para contribuir a tapar el hueco fiscal y -claro- para ayudar a tanquear el avión presidencial.